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Hay un momento, durante la escritura de casi cualquier novela, en el que la ilusión inicial empieza a desaparecer. Al principio tenías tantas ganas de escribir que pensabas en tus personajes mientras trabajabas, conducías o incluso cuando intentabas dormir. La historia avanzaba con facilidad y sentarte delante del ordenador era una de las mejores partes del día. Sin embargo, después de varias semanas o meses trabajando en el mismo manuscrito, abrir el documento puede convertirse en una obligación que vas posponiendo una y otra vez.

Si estás en ese punto, probablemente te hayas preguntado más de una vez cómo terminar una novela cuando has perdido la motivación. Incluso puede que hayas empezado a pensar que quizá no tienes suficiente disciplina para escribir, que la historia no es tan buena como imaginabas o que sencillamente no sirves para terminar los proyectos que empiezas.

Antes de abandonar tu novela, quiero que tengas algo claro: perder la motivación para escribir no significa necesariamente que hayas perdido las ganas de ser escritor. Escribir una novela es un proceso largo y es completamente normal que la energía y la ilusión cambien durante el camino. Lo importante es aprender a avanzar también cuando la motivación no está de tu parte.

¿Por qué perdemos la motivación para escribir una novela?

Cuando empiezas a escribir una novela todo resulta nuevo. Tienes una idea que te entusiasma, unos personajes que quieres conocer y una historia que estás deseando contar. Además, todavía no has tenido que enfrentarte a todos los problemas que aparecerán durante el proceso de escritura, así que es fácil imaginar que las páginas van a salir de forma natural.

El problema llega cuando esa idea inicial tiene que convertirse en una novela completa. De repente aparecen capítulos que no sabes cómo resolver, personajes que no terminan de funcionar, escenas que tienes que reescribir y decisiones sobre la trama que quizá no habías previsto cuando comenzaste.

También puede ocurrir que hayas perdido el rumbo de la historia. Tal vez sabes cómo quieres que termine, pero no encuentras la manera de llegar hasta allí, o quizá has descubierto que el conflicto que planteaste al principio ya no te interesa tanto como cuando comenzaste a escribir.

Y hay otra posibilidad que muchas veces olvidamos: simplemente estás cansado. Terminar una novela requiere muchas horas de concentración y creatividad, y no podemos esperar que nuestra capacidad para escribir se mantenga siempre al mismo nivel.

Por eso es importante distinguir entre estar temporalmente desmotivado y haber dejado de creer en la historia.

No necesitas estar motivado para terminar una novela

Una de las ideas que más puede ayudarte a terminar tu manuscrito es dejar de pensar que necesitas sentirte inspirado cada vez que te sientas a escribir.

La motivación es estupenda cuando aparece, por supuesto. Hay días en los que escribirás durante horas porque estás completamente metido en la historia y las palabras parecen salir solas. Pero una carrera como escritor no puede depender únicamente de esos momentos.

Habrá días en los que tengas muchas ganas de escribir y otros en los que prefieras hacer cualquier otra cosa. La diferencia entre ambos no significa necesariamente que estés avanzando bien un día y mal al siguiente. Forma parte del proceso.

Por eso, en lugar de preguntarte «¿cómo recupero la motivación para escribir?», puede resultar mucho más útil preguntarte «¿qué puedo hacer hoy para avanzar un poco?».

No necesitas terminar tu novela hoy. Necesitas escribir la siguiente escena, avanzar unas páginas o resolver uno de los problemas que tienes pendientes. Una novela de 70.000 palabras no se termina de golpe; se termina acumulando pequeños avances durante mucho tiempo.

1. Deja de pensar constantemente en terminar la novela

Cuando llevas semanas bloqueado, pensar continuamente en que tienes que terminar una novela puede hacer que el proyecto parezca todavía más grande y difícil de afrontar.

Si cada vez que abres el documento piensas en todos los capítulos que te quedan, en las páginas que todavía tienes que escribir y en todo lo que tendrás que corregir después, es normal que tu cerebro busque cualquier excusa para hacer otra cosa.

Por eso puede ayudarte cambiar el objetivo. En lugar de decirte que hoy tienes que avanzar cinco capítulos, decide que vas a escribir 500 palabras. Si 500 te parecen demasiadas, escribe 300. Incluso puedes proponerte simplemente terminar una escena.

El objetivo no es demostrar cuánto puedes escribir en un día, sino volver a poner la novela en movimiento. Cuando recuperas cierta continuidad, muchas veces escribir vuelve a resultar mucho más sencillo.

2. Recuerda por qué empezaste esta historia

Cuando llevas mucho tiempo trabajando en una novela, es fácil olvidar qué fue lo que te llevó a escribirla. Has pasado tantas horas corrigiendo problemas, pensando en la estructura y preocupándote por si la historia funciona que la emoción que sentiste al principio puede haber quedado enterrada bajo todo ese trabajo.

Por eso, si has perdido la motivación para escribir, vuelve al origen.

Pregúntate por qué quisiste contar esta historia. Recuerda qué personaje apareció primero en tu cabeza, qué escena imaginaste antes que ninguna otra o qué fue exactamente lo que te hizo pensar que tenías que convertir aquella idea en una novela.

Incluso puedes coger un papel y terminar esta frase: «Empecé esta novela porque…».

Escribe todo lo que te venga a la cabeza sin preocuparte por cómo queda. No estás escribiendo para tus lectores ni para publicar nada; estás intentando recuperar la conexión con la historia.

A veces no necesitamos recuperar la motivación. Necesitamos recordar por qué empezamos.

3. No corrijas una novela que todavía no has terminado

Uno de los errores más habituales cuando estamos escribiendo una novela es intentar que cada página sea perfecta desde el principio. Escribes un capítulo, lo lees y decides que podrías mejorarlo. Lo vuelves a escribir, cambias una escena y, cuando quieres darte cuenta, llevas varios días trabajando en las mismas páginas mientras el resto de la historia sigue exactamente en el mismo punto.

Si estás intentando terminar una novela, intenta separar dos procesos diferentes: escribir y corregir.

El primer borrador no tiene que ser perfecto. De hecho, probablemente no lo será. Puede contener escenas que después eliminarás, diálogos que tendrás que reescribir o personajes que necesitarán una evolución diferente.

No pasa nada.

La función del primer borrador es permitirte descubrir la historia completa. Después tendrás tiempo para corregirla, mejorarla y convertir ese texto inicial en la novela que realmente quieres publicar.

Es mucho más fácil corregir una novela que ya existe que intentar perfeccionar continuamente una novela que todavía no has terminado.

4. Date permiso para escribir mal

Muy relacionado con lo anterior está el miedo a escribir mal. Muchos escritores se bloquean porque sienten que cada página debería demostrar que saben escribir.

Pero mientras estás trabajando en el primer borrador, tu objetivo no es demostrar nada. Tu objetivo es avanzar.

Si una escena no te convence del todo, puedes escribirla igualmente. Si no encuentras la frase perfecta, utiliza una provisional. Si todavía no sabes exactamente cómo resolver un diálogo, escribe lo que crees que podría ocurrir y continúa.

Incluso puedes dejar una nota para ti mismo del tipo: «Esta escena necesita más tensión» o «Aquí tengo que explicar mejor por qué el personaje toma esta decisión».

Después volverás a ese punto.

El primer borrador no tiene que ser bonito; tiene que existir.

Permítete escribir una novela imperfecta para poder tener después una novela que corregir.

5. Si estás bloqueado, busca el problema que hay detrás

No todos los bloqueos del escritor se solucionan sentándose delante del ordenador y obligándote a escribir durante más horas.

En ocasiones, el problema no está en tu disciplina, sino en la propia historia.

Quizá tu protagonista está tomando una decisión que no encaja con lo que has construido sobre él. Tal vez el conflicto se ha quedado sin fuerza o has llevado la trama hacia un lugar que ya no te interesa. También puede ocurrir que sepas perfectamente qué quieres que ocurra al final, pero que hayas creado un camino demasiado complicado para llegar hasta allí.

Cuando una escena lleva días sin salir, en lugar de castigarte porque «no eres capaz de escribir», prueba a hacerte otra pregunta: ¿qué es exactamente lo que está bloqueando esta historia?

A veces, encontrar la respuesta a esa pregunta es mucho más útil que obligarte a escribir otras mil palabras.

6. Aléjate del ordenador

Cuando llevas dos horas mirando el mismo párrafo, continuar mirando el mismo párrafo durante otra hora probablemente no vaya a solucionar demasiado.

En esos momentos puede ser mucho más útil levantarte y hacer algo completamente diferente. Sal a caminar, escucha música, date una ducha, haz ejercicio, ve a comprar o simplemente cambia de espacio durante un rato.

Cuando dejamos de mirar directamente el problema, nuestra cabeza sigue trabajando en él de una manera diferente. No es extraño que la solución a una escena aparezca mientras estás haciendo cualquier otra cosa.

Eso sí, ten algo a mano para apuntarla.

Porque, como cualquier escritor sabe, la gran idea siempre parece aparecer cuando no tienes dónde escribirla.

7. Ponte objetivos pequeños para recuperar el hábito de escribir

Si llevas varias semanas sin escribir, no necesitas volver de golpe al ritmo que tenías cuando estabas completamente motivado. Intentar recuperar inmediatamente una rutina de 2.000 palabras al día puede terminar generando todavía más frustración.

Empieza con objetivos que puedas cumplir.

Puedes proponerte escribir 300 palabras un día, 500 al siguiente y descansar cuando lo necesites. También puedes trabajar por escenas en lugar de contar palabras. Lo importante es volver a establecer una relación habitual con tu novela.

Porque escribir también es un hábito.

Cuanto más tiempo pasas sin hacerlo, más difícil puede resultar volver a empezar. Pero cuando recuperas cierta continuidad, sentarte delante del manuscrito deja de sentirse como una tarea enorme.

8. No compares tu primer borrador con una novela publicada

Comparar tu manuscrito a medio escribir con una novela que encuentras en una librería es una de las maneras más rápidas de desmotivarte.

Tú estás viendo tu proceso completo: las dudas, las escenas que no funcionan, los capítulos que todavía no has terminado y todas las decisiones que aún tienes pendientes.

El lector, en cambio, está viendo el resultado final de un proceso que ha incluido escritura, reescritura, corrección, edición, maquetación y diseño.

Por eso, cuando estés escribiendo tu primera versión, no compares tu manuscrito con el libro terminado de otro autor. Compara tu trabajo de hoy con el de ayer.

¿Has avanzado?

Entonces estás avanzando.

9. Escribe una escena que realmente te apetezca

A veces estamos bloqueados porque intentamos avanzar exactamente en el orden en el que suceden las cosas en la novela.

Sin embargo, si tienes una escena que llevas meses deseando escribir, puedes darte permiso para saltar hasta ella.

Puede ser una discusión entre dos personajes, una declaración de amor, una revelación, un crimen, una escena divertida o cualquier otro momento que tengas especialmente claro en tu cabeza.

Escribir una escena que te entusiasma puede ayudarte a recuperar la conexión con la historia. Después podrás volver atrás y construir el camino necesario para llegar hasta ella.

No todas las novelas tienen que escribirse de principio a fin de manera perfectamente lineal.

10. Convierte todo lo que te queda en tareas concretas

Cuando piensas «todavía me queda muchísimo para terminar la novela», estás utilizando una expresión demasiado grande para poder actuar sobre ella.

En lugar de pensar en todo lo que falta, haz una lista concreta de las escenas, capítulos o problemas que todavía tienes pendientes.

Quizá necesitas terminar una discusión, resolver un misterio, escribir una escena de reconciliación, preparar el enfrentamiento final y cerrar el epílogo.

De repente, ya no tienes delante algo abstracto como «terminar mi novela». Tienes cinco tareas concretas que puedes ir resolviendo una a una.

Y cada una de ellas te acerca al final.

Terminar una novela también forma parte de aprender a escribir

Puedes leer libros sobre escritura creativa, hacer cursos, estudiar estructura, analizar novelas y aprender todo lo posible sobre creación de personajes. Todo eso puede ayudarte muchísimo, pero hay una parte del aprendizaje que solo llega cuando consigues llevar una historia hasta el final.

Terminar una novela te obliga a resolver problemas que no aparecen durante los primeros capítulos. Tienes que cerrar tramas, mantener el ritmo, hacer evolucionar a los personajes, resolver conflictos y construir un desenlace que tenga sentido con todo lo que has contado anteriormente.

Por eso, terminar un manuscrito, aunque después necesite muchas revisiones, es una experiencia tremendamente valiosa para cualquier escritor.

Cada novela terminada te enseña algo que difícilmente podrías aprender únicamente leyendo sobre escritura.

¿Y si descubres que tu novela no funciona?

También puede ocurrir.

Puede que llegues a mitad del manuscrito y descubras que el planteamiento necesita un cambio importante. Quizá un personaje no funciona como imaginabas o te das cuenta de que el final que habías pensado ya no encaja con la historia.

En ese caso, no tienes por qué continuar escribiendo exactamente lo que habías planeado al principio.

Puedes parar, analizar qué está fallando y tomar decisiones.

Incluso puede llegar el momento en el que decidas guardar esa novela y empezar otra. Y eso tampoco significa que hayas perdido el tiempo.

Lo importante es intentar distinguir entre «esta historia necesita cambios» y «quiero abandonar esta historia porque escribirla se ha vuelto difícil».

No son necesariamente lo mismo.

No esperes a volver a tener ganas de escribir

Quizá esta sea la idea que quiero que te lleves de este artículo.

No esperes a recuperar las ganas para volver a escribir.

La motivación no siempre aparece antes de empezar. Muchas veces aparece después.

Empiezas escribiendo 300 palabras sin demasiadas ganas y, de repente, una escena empieza a funcionar. Un personaje hace algo que no habías previsto. Encuentras la solución a ese problema que llevabas semanas arrastrando y vuelves a sentir curiosidad por saber qué va a pasar.

Y entonces vuelves a engancharte.

Por eso, si ahora mismo estás pensando «no tengo motivación para terminar mi novela», quizá no necesites recuperar las ganas de escribir una novela entera. Quizá solo necesitas volver a escribir una escena.

Después otra.

Y otra.

Hasta que llegue ese momento maravilloso en el que puedas escribir las dos palabras que todo escritor quiere ver algún día al final de su manuscrito:

FIN.

Y entonces empezará otra etapa igual de importante: convertir ese manuscrito en un libro preparado para llegar a los lectores.